Oaxaca se ha convertido en una guerra de mascaras. Los graves problemas del estado han permitido que organizaciones ajenas a las verdaderas causas populares se digan representantes de los indígenas con fines de lucro.Así las posibles soluciones a los graves problemas de marginación y pobreza se quedan entrampados entre la corrupción del gobierno y la de los seudolideres que negocian con ellos en nombre de los pueblos indígenas.
Son tiempos de definición en que los grupos más marginados, discriminados, explotados, abusados y empobrecidos de la comunidad nacional, pasen a una etapa de desenmascarar a los falsos redentores. A quienes quieren seguir viviendo de los desposeídos para ganar un falso prestigio de reivindicadores sociales o libertadores.
Oaxaca es el mejor termómetro para medir el calor democrático que existe en los dirigentes y organizaciones formadas recientemente a la sombra del movimiento popular oaxaqueño. Aquí deberemos reconocer a los auténticos dirigentes preocupados por el pueblo, como aquellos que se han subido al carro de una revolución pacífica sin haber pagado su boleto.
En estos momentos en que ha surgido fuertemente la solidaridad internacional con el movimiento de Oaxaca existe el gran peligro que los dólares sudados con tantos sacrificios por
los migrantes oaxaqueños vayan a parar a un destino distinto al que se ha soñado. Digo soñado porque esos trabajadores, en su mayoría indocumentados, han soñado con regresar un día a
sus pueblos y encontrar resultados positivos para ver un cambio democrático que evite que se formen pueblos fantasmas al salir sus habitantes en busca de dólares y sobrevivencia.
Solidaridad debe ser un instrumento valioso para impulsar el desarrollo regional y nacional de
los pueblos indígenas, pero se requiere que esa solidaridad se traduzca en una auténtica ayuda
destinada a remover las viejas estructuras del colonialismo doméstico que ha ejecutado el
gobierno en contra de sus intereses.
Hoy más que nunca se debe desenmascarar el sistema, sus falsos lideres, ineficiencia y corrupción de sus instituciones, además de aquellos vividores o parasitos en forma de garrapata que se han apropiado de los cuerpos y almas de los más desprotegidos en beneficio propio.
instituciones
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